Hoy fue un día bonito. Amanecimos en Eugene, Oregon, saludando el sol (en este caso, a los nubes). Al respirar profundamente, mis pulmones se llenaron con el frio que me despertó desde el alma. Me puso la mente más y más clara cuando inhalaba el aire del Noroeste. Esa es una cosa que voy a extrañar de Washington y Oregon. El aire de aqui está bien puro. Es sabroso. Otros estados tienen aire fresco, Pero cuando yo ando por aca, hay que agradecer cada respiración.
Todos subimos a la Combi, nuestro camioneta Volkswagen de 1973, y salimos del centro. Pasando por la cuidad todo alrededor me indicaba que ya llegó el otoño. ¡Los colores! O los colores tan bellos del otoño estaban al maximo hoy. Los amarillos, los anaranjados, los rojos, cada hojita del arból es un milagro de la pacha mama. Los hongitos crecian entre las casas. En frente de una casa los hongos crecian en la forma de semicírculo prefecto. Yo he leído de ese fenómeno, para verlo tan cerca fue increíble, como los cultivaron así. De hecho, me encantó todo eso, pero me emocionó a volver a México. ¿Porqúe? ¡Por que mis dedos casí estaban congelados desde los fines de Septiembre!
Agarramos la carretera al sur y manejamos hasta Oakridge, Oregon, un pueblito en el camino. Paramos en el parque Greenwater. Comimos, empujabamos Aashman en el columpio, y fuimos en una caminata escenica al rio. Había un puente cruzando el río, un buen lugar para descansar la mente y recargar la pila por otras tres horas en carro. Me dí cuenta que hasta el bebé se puso hípnotado a la vista del agua tan poderoso. Un momento de zen, recordandome mi propósito para volver a México. Me combina mejor el rítmo de paso de allí. Todo el verano que estuve en Washington, sentí apurada para llegar a citas, hacer llamadas y conferencias, no aprovechaba mis momentos libres. Me parecía que no habían momentos libres. Creo que cuando vivo cerca al mar me ayude mantener un rítmo. Como las olas. Salí de mi hogar en la playa y me converti al río, siempre corriendo.
En la segunda parte del viaje de hoy nos pasamos a Salt Creek Falls. Es la segunda cascada más grande de Oregon. ¡Tiene una altura de 286 pies! Lo más padre es que el sendero está arriba de la casada y estuvimos viendo para abajo. Tan impresionantes las vistas de hoy. Segura que mañana tenrdá sus sopresas con la continuación de la adventura.....