Ahhhhh, por fin llegamos a México. Me
siento como que alguien me quito un peso de encima. Por el mediodía pasamos por
las Playas de Tijuana. El sol tocando mi piel se me hizo como si hubieran sido años
desde lo sentí la ultima vez . El olor de carne asada me lleno la cabeza. Nos
perdimos buscando la carretera hacia Ensenada y tuvimos que pedir direcciones
con una muchacha. Nos habló con una sonrisa, su voz era tierna y su acento muy fácil
entender. Unas vueltas para salir de su colonia y subimos a la autopista al
sur. Pasamos dos horas mas o menos viendo terrenos verdes con palmeras a un
lado, y la vista del Océano Pacifico por el otro. Me avisó que aprovechara todo
lo bonito, por que pasando Ensenada habrá horas atravesando por el medio de la
nada.
Me di cuenta de algo, aún
en el medio de la nada, siempre puede encontrar cosas interesantes, si las busca.
No es que diez kilómetros de obras en proceso en la carretera me parece
interesante, eso fue un poco enfadoso, pero después que una hora de desviación
ya íbamos en rumbo a Guerrero Negro. Como un disco rayado parecía que pasábamos
la misma terrecería un par de horas. Habían cerros hasta que pude ver con
cardones, el cactus mas grande de todos. Habían chollas, el cactus que supuestamente
tira espinas cuando uno camina tan cerca de el, y esos son espinas implacables.
Ese lugar se llama La Valle de los Cirios, por los tantos cirios que se
encuentran allí. Hay una leyenda del grupo indígena Seri como se formó ese
valle:
El cirio parece un árbol de lejos, pero es un cactus muy alto con unas florecita encima. Yo he recorrido el Desierto Sonorense y algunos otros desiertos pero este es el único lugar en donde crece el cirio, y nunca me tocó ver este planta hasta llegar al medio de la nada….Que raro, ¿No?
Manejemos
casi 500 kilómetros sin ver ninguna gasolinera. Nos preocupábamos porque el próximo
pueblo nos quedó muy lejos todavía. Nos topamos con unos muchachos vendiendo
gasolina al lado de la carretera. Eran nuestros ángeles guardianes (un poco
mugrosas, pero ni modo), y nos cobraron doble el precio que pagaríamos en la
gasolinera. Vez, también hay oportunidades de negocios en el medio de la nada.
Otra cosa que me gusta aquí
en México es que al lado de las carreteras hay capillas miniaturas en honor de
varios santos. Nos paramos para estirar un rato en donde hubo una con San Judas
Tadeo, el santo patrón de las
causas difíciles y desesperadas. Pues, tal vez manejar desde Washington a Los
Cabos es una causa difícil, pero no nos considero desesperados, aunque unos nos
han dicho locos.
Tal vez lo cambiará el nombre del blog al Tres Mil
Millas, Una Combi, y Bebé Abordo...para que se nota que sí somos un poco locos.
Pero sino ser fuera de lo ordinario, nunca tendremos las ganas para hacer las aventuras
tan divertidas y educativas que hemos hecho.
